Una Historia Del Cartel Publicitario

Una Historia Del Cartel Publicitario

Las antiguas civilizaciones, promocionaban sus productos escribiendo ofertas sobre las piedras al costado del camino. En Grecia, los juegos olímpicos eran promocionaros en el exterior del estadio, y ya en el Imperio Romano había espacios reservados para los murales promocionales, tanto que en las ruinas de Pompeya se encontraron carteles comerciales y electorales. Los avisos en la vía pública fueron mejorando hasta la actualidad. Los avances logrados permitieron una estandarización de formatos para facilitar la tarea de los anunciantes y de las empresas que empezaban a prestar servicios de publicidad exterior. A partir de 1900, los grandes anunciantes se adaptaron a muros ajustados, lo que permitió que las estructuras se produjeran en masa y se distribuyesen por todos los Estados Unidos. Así, surgieron más instituciones y empresas especializadas, aumentando la competitividad y brindando la posibilidad a nuevas marcas que no necesariamente tenían que ser grandes compañías para lograr pautar en un medio que podía ser visto por una gran multitud y gracias a su gran tamaño impactaría de forma positiva en quienes la veían. Las nuevas empresas dedicadas a los anuncios en vía pública dieron más relevancia a este medio que se convirtió en un medio casi infaltable para las campañas publicitarias. Con el tiempo, a los muros se sumarían las paradas de colectivos y. en los últimos años, las pantallas LED comenzaron a competir con el papel.   Un antes y un después La llegada del papel y luego de la imprenta dieron un nuevo impulso a esta industria que tendría su mayor desarrollo a partir de la aparición de la litografía, en el siglo XVIII. Dado que gran parte de la población no sabía leer y la necesidad de lograr impacto sobre el público, fue la imagen la que adquirió mayor importancia, atrayendo a artistas de la estatura de Jules Chéret o Toulouse Lautrec. Sin embargo, fue Estados Unidos donde mayor desarrollo adquiriría la actividad. En1830 aproximadamente en las calles neoyorquinas ya había carteles publicitarios. En su mayoría eran pequeñas hojas con textos e imágenes. Sin embargo, los más llamativo eran grandes carteles que se componían de varias hojas pegadas sobre las paredes de edificios. Empresas de la época empiezan a ver la importancia de la publicidad en exteriores, y realizan sus primeros anuncios. La complejidad y el trabajo era una traba al desarrollo del anuncio: dado que los artistas debían pintar los anuncios a mano, por lo que publicar anuncios iguales en varios lugares era una tarea ardua, que llevaba tiempo, y los anunciantes debían esperar hasta que la publicidad de sus productos fuera expuesta. Sin embargo con el tiempo y la llegada de nuevas técnicas de impresión permitieron realizar impresiones en nuevos formatos y con mejor calidad, permitiendo que la publicidad exterior se considerara cada vez más como un medio recurrente a la hora de realizar una campaña.