MÁS TÉCNICAS

La calcografía y la serigrafía son dos de las técnicas más utilizadas y que más han avanzado en los últimos años.

En la actualidad, la impresión industrial parece lejana de una acción manual e instintiva, ya que se trata de un proceso mecanizado, que se sirve de tecnologías avanzadas. Sin embargo, excepto la impresión digital, casi todas las demás técnicas de impresión son la evolución de procesos manuales ideados hace siglos, como la calcografía y la serigrafía.
Originaria de Alemania o Flandes, en 1480, o Florencia en 1500, la calcografía, cuyo nombre deriva del griego, por jalkós, “bronce”, y gráfein, “escribir”, es una técnica de grabado utilizada para representar ilustraciones. A diferencia de la xilografía, se trabaja en positivo, y no en negativo: los elementos que después se imprimirán se graban directamente en la matriz.
El procedimiento prevé el grabado de una placa de metal y, a continuación, la distribución de la tinta por las incisiones, es decir, dentro de las partes grabadas. Mediante la presión ejercida con una prensa, la tinta depositada en las partes excavadas se transfiere a la hoja.
El rotograbado es una evolución de esta técnica, que emplea una máquina rotativa con cilindros grabados, obtenidos mediante un procedimiento fotomecánico. La tinta se transfiere al papel mediante un sistema de pequeñas celdas de distintas profundidades. Cuanto más profundas son las celdas, más abundante será la tinta que puedan contener y más oscura será la impresión.
Dada la excelencia y la gran fidelidad de su acabado, desde la primera mitad del siglo XX, se ha usado principalmente en las publicaciones periódicas de amplia difusión.
El nombre de la serigrafía, mezcla el latín seri, “seda”, y el griego gráfein, “escribir” y se originó en China, entre los siglos X y XIII y, aunque fue introducida en Europa durante la Edad Media, su uso no estuvo muy extendido hasta tiempos más recientes.
Es una técnica de impresión que emplea como matriz un tejido a través del cual es transfiere la tinta al soporte. Esa matriz, originalmente una tela de seda y actualmente sustituida por nailon u otras fibras artificiales, se impermeabiliza mediante una emulsión en zonas bien delimitadas, con el fin de permitir que la tela penetre a través de los orificios de la tela no bloqueados y pase al soporte por debajo del marco serigráfico.
El paso de la tinta a través del tejido serigráfico se produce mediante una ligera presión de una barra, conocida como exprimidor o racla, dotada de un borde de caucho que presiona contra el tejido de impresión. Para producir una serigrafía en varios colores, es necesario crear una matriz para cada uno.
La gran ventaja de la serigrafía consiste en la posibilidad de imprimir sobre un gran número de soportes, dosificando la cantidad de color. Por este motivo, esta técnica se utiliza para aplicaciones artesanales o industriales, sobre múltiples soportes.

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