EL COLOR CONSISTENTE EXIGE MÉTODO

Sin control técnico desde el diseño hasta la entrega, aumentan rechazos, costos y desvíos respecto de la idea original.

La consistencia del color es la parte más difícil de fabricar un producto, y en la comunicación visual se vuelve crítica cuando intervienen múltiples proveedores, materiales y procesos. Según un análisis publicado por FESPA, las variaciones en iluminación, sustratos y medición generan diferencias que derivan en repeticiones, desperdicio y pérdida de tiempo en entornos industriales complejos.
El problema se profundiza en cadenas de suministro fragmentadas. Cuando distintos componentes se producen en fábricas separadas, cada actor trabaja con sus propias condiciones y herramientas. De acuerdo con el caso de InMocean, incluso pequeñas diferencias en la interpretación del color pueden hacer que el resultado final se aleje de la intención original del diseño.
A esto se suma el impacto de la luz en la percepción. Según la Commission Internationale de l’Éclairage (CIE), un mismo color puede variar significativamente según la fuente lumínica, lo que explica fenómenos como el metamerismo y obliga a definir condiciones de evaluación estandarizadas para evitar inconsistencias visibles en el producto terminado.
Frente a este escenario, los fabricantes más avanzados combinan estándares físicos sin modificar con archivos digitales maestros que actúan como única referencia. En línea con lo expuesto por Coloro, este enfoque permite alinear a toda la cadena sobre un mismo objetivo cromático y mejorar la precisión desde la primera producción.
Además, la validación previa de viabilidad y el uso de iluminación controlada aparecen como factores determinantes. Anticipar limitaciones de materiales y evaluar el comportamiento del color en distintos entornos reduce errores, acorta los tiempos de desarrollo y mejora la eficiencia en mercados cada vez más exigentes.

Foto: FESPA